ADN misterioso

27.10.2012 11:51

 

ADN misterioso: el libro de la naturaleza
Claudio Fabian Guevara


El código genético sigue las mismas reglas de construcción que las lenguas naturales. Y es un texto “editable” por medio de sonidos y frecuencias. La microfísica del ADN demuestra los fundamentos de saberes antiquísimos: el poder curativo de las palabras y la influencia de las vibraciones emocionales.

Desde que Crack y Watson descubrieron la doble hélice del ADN hace medio siglo, nuestro conocimiento sobre la plataforma de todas las formas de vida ha aumentado considerablemente. El ADN almacena la información necesaria para la reproducción de todas las proteínas de las células de un organismo. El cuerpo humano contiene aproximadamente entre 70.000 y 90.000 proteínas diferentes. Y una proteína consiste en varios cientos de aminoácidos. Es decir que el ADN es algo así como la fórmula química de la vida, el software que contiene todas las instrucciones para el desarrollo del hardware o armazón física.


Pero no solamente eso. Un análisis más detenido de este microcosmos muestra las bases de la vida espiritual.
 

El mapa del desconcierto
 

Un gran misterio del AND es que solo el 5% de la información disponible se usa para codificar y reproducir proteínas. El restante 95% se llama ADN basura o durmiente, una “repetición sin sentido” que los científicos de occidente durante mucho tiempo consideraban “redundante”. Por eso, la operación del Proyecto del Genoma Humano (PGH) que emprendieron hace pocos años se centró en analizar solamente ese 5% de información “útil”.
 

La labor del PGH fue la de hacer el mapa de la estructura completa del ADN. Pero cuando se difundió la versión final del genoma humano en el 2004, cundió el desconcierto. Solo 30,000 genes se encontraron en el ADN humano, contra los 100 mil esperados. Treinta mil genes en el genoma humano son solo trescientos más de los que tiene un ratón. El Proyecto del Genoma Humano también desveló que compartimos el 98% de nuestros genes con los chimpacés. Pero las diferencias en el ADN entre un ser humano y un mono son simplemente demasiado pequeñas para contabilizar todas las diferencias de apariencia, conciencia y habilidades intelectuales entre ambas especies.
Aparentemente, el ADN “basura” no era inútil después de todo.

 

Nuestra primera lengua
 

Mientras la ciencia de Occidente invertía en el Proyecto del Genoma Humano Internacional centrándose en el 5% del ADN, en 1990 en la Unión Soviética, un grupo de científicos rusos se constituyó para estudiar el genoma humano completo. La investigación fue dirigida por el Dr. Pjotr Garjajev, miembro de las Academia Rusa de las Ciencias y de la Academia de las Ciencias de Nueva York. El equipo de investigación incluyó biofísicos, biólogos moleculares e incluso expertos en lingüística. Su investigación puso de manifiesto que el supuesto ADN basura, desechado y olvidado por la ciencia ortodoxa, no era en absoluto el remanente redundante de la evolución.


Los estudios lingüísticos descubrieron que la secuencia del ADN no codificado sigue las reglas de algunas sintaxis básicas. Hay una estructura definida y lógica en la secuencia, un tipo de lenguaje biológico. La investigación descubrió que forman palabras y frases justo como nuestro idioma humano sigue reglas gramaticales. Muchas investigaciones sobre los orígenes del lenguaje humano y de las reglas gramaticales esenciales para todos los idiomas humanos habían fallado hasta entonces en localizar la fuente. Ahora, por primera vez en la historia, se puede concebir que la gramática del ADN sirviera como huella para el desarrollo del lenguaje humano.
 

Si el ADN y el código genético existían antes de que el ser humano hable, es lógico deducir que cada lengua se desarrolló siguiendo este código básico. En otras palabras: el orden de los nucleótidos en el ADN sigue un “plan inmaterial inteligente” que ha sido imitado en la estructura de los idiomas humanos.

 

Diálogo de sonidos y vibraciones
 

Recapitulemos. La evolución ha creado en los organismos vivos “textos genéricos”, articulados de forma semejante a las lenguas humanas. Los nucleótidos del ADN, dotados de frecuencias cargadas de información, juegan el papel de caracteres. A partir de estos “textos genéricos” se van desarrollando los procesos orgánicos. El ser humano es, pues, como el resto de la creación, un “discurso de la naturaleza”.
Pregunta: ¿A quién “le habla” el ADN? Respuesta: “No sólo habla. También escucha. El ADN dialoga con el entorno a través de sonidos y vibraciones”.

 

Las investigaciones de Garjajev muestran al ADN como un bio-ordenador capaz de recoger y transmitir información de su entorno a través de ondas, a partir de las cuales pueden modificarse los patrones de comportamiento de las células. ¡Y viceversa! Si el ADN “entiende” ciertas frecuencias, entonces es posible un intercambio de información con él. El grupo de Garjajev descubrió es que el ADN no es en absoluto un libro cerrado de la vida. Su texto puede ser alterado o reagrupado en secuencias diferentes. En otras palabras: el software del genoma humano puede ser reprogramado.
 

¿Cómo se puede influir en el código genético? La genética tradicional lo hace a través del método quirúrgico de “cortar y pegar”. Los investigadores rusos proponen “armonizar los sonidos –es decir, las palabras- en determinada frecuencia”. Y así han logrado éxitos específicos, como reparar cromosomas dañados por rayos X.
 

Este enfoque explica, por ejemplo, los descubrimientos del científico japonés Masaru Emoto, que demostró cómo las palabras y la música son capaces de alterar la estructura molecular del agua. La curación de cáncer a través del sonido de cuencos de cuarzo. El poder de la musicoterapia. El funcionamiento de las afirmaciones positivas, los mantras, las inducciones hipnóticas y la oración.
 

Las maestros espirituales vienen insistiendo desde hace miles de años en el potencial que tienen la repetición de oraciones y palabras, o los estados alterados de conciencia, para actuar sobre la propia salud y la de los demás. La clave es “entrar en resonancia con nuestro propio yo”. ¿O deberíamos decir “nuestro propio ADN”?

 

http://www.vibromancia.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2391&Itemid=300066

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ADN misterioso II: el ordenador espiritual
 

http://www.vibromancia.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2392&Itemid=300066
 

El ADN humano es una Internet biológica, superior a la artificial. La clarividencia, la intuición, los actos remotos de curación, o el aura alrededor de las personas espirituales, encuentran bases científicas. La “conciencia de pertenecer a un todo” no es patrimonio de las religiones, sino una característica intrínseca de nuestro ser.

“El ADN humano es una Internet biológica y superior en muchos aspectos a la artificial”, definen Von Grazyna Fosar y Franz Bludorf, autores de “Vernetzte Intelligenz”, un libro que analiza las investigaciones de Peter Garjajev y su equipo sobre el ADN. “La última investigación rusa directa o indirectamente explica los fenómenos tales como la clarividencia, la intuición, los actos espontáneos y remotos de curación, la autocuración, las técnicas de afirmación, la luz/aura inusual alrededor de personas (denominados maestros espirituales), la influencia de la mente sobre los patrones del tiempo atmosférico y mucho más."

 

Los descubrimientos de Garjajev sobre el ADN no sólo permiten pensar en una ciencia genética diferente, sino que también abren las puertas al entendimiento de fenómenos de la vida espiritual que, al calor del paradigma mecanicista de la modernidad, fueron soslayados, ignorados o simplemente tachados como pura superstición o charlatanería por la ausencia de explicaciones “científicas”.
 

La espiritualidad, entendida como “conciencia de pertenecer a un todo”, no sería patrimonio exclusivo de las variadísimas creencias y religiones que ha desarrollado el género humano, sino una característica intrínseca, incrustada en las bases primigenias de nuestro ser.

Un bio-ordenador de ondas
 

En la primera entrega de esta serie (ADN MISTERIOSO :: El libro de la naturaleza) vimos cómo los nucleóticos del ADN, jugando el papel de caracteres, conforman “textos”, secuencias de instrucciones organizadas según los mismos patrones de las lenguas humanas, a partir de los cuales se conforman los procesos orgánicos.
 

El ADN es en definitiva un bio-ordenador capaz de enviar y recibir información a través de ondas. Este proceso permite modificar los patrones de comportamiento de las células.


Las ondas del ADN –igual que las de radio o TV-, almacenan información y tienen la capacidad de propagarse a grandes distancias. Por su parte, el aparato cromosómico tiene la capacidad de trabajar como una antena de recepción y trasmisión de estas ondas. Las lee, codifica y reenvía. “Todos somos portadores de un microchip electrobiológico, un superconductor que toma la información electromagnética del ambiente”, resume Antonio Muro en “Discovery Salud”.

 

De esto se deduce que el ADN puede ser afectado en forma dañina por la radiación electromagnética del ambiente (algo que ya sabíamos), pero también a la inversa, puede ser influido y modificado positivamente por ciertas frecuencias: sonidos, vibraciones, música… y emociones!
Esta línea teórica sostiene que las emociones tienen una frecuencia vibratoria, y que hay solamente dos tipos de emociones que los humanos pueden experimentar, amor y miedo. El resto de las emociones son derivadas de estas dos. El miedo tiene una frecuencia lenta y larga. El amor es una oscilación rápida y alta. Por su forma de onda, el amor “toca” relativamente más puntos del ADN que el miedo. Por lo tanto, en un individuo viviendo con MIEDO el número de “antenas” se ve limitado, y su sistema inmunológico y su salud en general se debilita. En un individuo viviendo con AMOR se registra el fenómeno inverso.

 

En resumen, el ADN es un súper-ordenador espiritual, capaz de percibir, interpretar y verse afectado por fenómenos que la sabiduría popular ha bautizado como “mala onda”, “buena vibra” y otras expresiones, tan llamativamente cercanas en su terminología al argot científico que Garjajev y su equipo desarrollaron en la “genética de ondas”.
 

Y esto no es todo. El nuevo mapa del mundo que despliegan estos descubrimientos muestra consecuencias aún más sorprendentes.
 

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ADN misterioso III: la hipercomunicación cósmica


http://www.vibromancia.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2393&Itemid=300066


Una comunicación que rompe las barreras del espacio y del tiempo a través de los microtúneles del ADN, confirma la visión holística de un ser humano interrrelacionado con todo y con todos. Actos de telepatía, premoniciones y sensaciones de “conocimiento instantáneo”, entre los ejemplos la vida cotidiana.

Las investigaciones del biofísico ruso Peter Garjajev sobre el ADN arrojaron conclusiones que, al mismo tiempo que despiertan resonancias de antiguos saberes, muestran un anticipo de las potencialidades del futuro. En los artículos anteriores vimos que Garjajev y sus colegas determinaron que:

 

- El código genético —especialmente el llamado “ADN basura” considerado “inútil” hasta hace poco— sigue las mismas reglas de todos los idiomas humanos, que lógicamente se han desarrollado a partir de ese patrón original.
 

- Nuestro ADN no es solamente responsable por la construcción física de nuestro organismo sino que también sirve como almacenamiento y comunicación de datos. El ADN es un bio-ordenador que a través de ondas puede modificar los patrones de comportamiento de las células. El aparato cromosómico tiene la capacidad de trabajar como una antena de recepción y trasmisión de estas ondas.
 

- Nace la llamada “genética de ondas”, un tipo de medicina completamente nueva por la cual el ADN puede ser reprogramado por palabras y frecuencias SIN cortar y reemplazar los genes individuales, como hace hasta ahora la genética tradicional. Mediante el uso de sonidos y frecuencias los investigadores rusos lograron convertir un embrión de rana en un embrión de salamandra, o reparar cromosomas dañados.
Otra derivación espectacular de estos descubrimientos pone el tema al borde de la ciencia ficción: la posibilidad de la hipercomunicación.

 

Los túneles del universo
 

En cámaras de vacío, los científicos rusos irradiaron muestras de ADN con luz láser. Surgió un patrón de ondas, un “dibujo”. Los fotones se alinearon bajo la influencia de las ondas del ADN.


Lo sorprendente fue que cuando las muestras de ADN fueron retiradas, este “dibujo” no desapareció, sino que permaneció (en algunos casos hasta un mes). Este fenómeno, denominado “Efecto Fantasma del ADN”, se atribuye a que el campo energético se mantiene por sí mismo aún después retirada la muestra de ADN.
 

Después de reproducir esto muchas veces, los científicos se vieron obligados a aceptar que esta “nueva estructura de campo estaba siendo excitada desde el vacío”. Aparentemente, la oscilación vibratoria del ADN causa patrones de perturbación en el vacío, produciendo “agujeros de gusano”. Para la física, los “agujeros de gusano” son como túneles que conectan áreas completamente diferentes del universo, a través de los cuales se puede transmitir información. En los experimentos, el ADN ausente sería capaz de “comunicar” sus ondas a través de esos agujeros.

Los agujeros de gusano, contemplados por la física para los viajes interespaciales, a nivel micro explicarían fenómenos de hipercomunicación.
La transmisión de información a través de los microtúneles del ADN nos habla de una posible comunicación a nivel cuántico -la hipercomunicación- que rompería las barreras del espacio y del tiempo, y confirmaría la visión holística de un ser humano interrrelacionado con todo y con todos.

Ejemplos prácticos
 

La hipercomunicación en la naturaleza viene funcionando desde hace miles de años. “El comportamiento de los insectos bien podría servirnos de prueba”, dice Antonio Muro. “Cuando una hormiga reina es separada espacialmente de su colonia, la construcción continúa de acuerdo a lo planeado. Sin embargo, si se mata a la reina, se detiene todo el trabajo de la colonia. Ninguna hormiga sabe qué hacer. Aparentemente la reina es la portadora de los “planes de construcción” y los envía incluso desde muy lejos por medio de la conciencia grupal de sus súbditos… Ella puede estar tan lejos como quiera… en tanto esté viva”.
 

Todos conocemos ejemplos de hipercomunicación en la vida cotidiana, normalmente catalogada como inspiración o intuición: certezas que se nos vienen a la mente, actos de telepatía, premoniciones, sensaciones similares al “conocimiento instantáneo” con personas que recién conocemos, etc.
 

La historia está repleta de ejemplos de conocimientos o creaciones, “dados” casi mágicamente en sueños: el químico ruso Mendeleyev aseguraba haber visto mientras dormía la clave de su tabla periódica de elementos. Igor Stravinsky también escuchó en sueños “La Consagración de la Primavera”. Lo mismo sucedió con Giuseppe Tartini y su sonata El Trino del Diablo. Al historiador Herman Hilpecht un sacerdote asirio le reveló la traducción exacta de la inscripción cuneiforme de la llamada “Piedra de Nabuchadnessar”… En diferentes periodos de la historia de la ciencia, diferentes investigadores, sin conocerse ni tener conocimiento del trabajo del colega, han trabajado en ideas similares o idénticas.
 

Y las coincidencias siguen: la ciencia, paso a paso -las revelaciones sobre el ADN son una buena muestra- ha ido descubriendo fenómenos del mundo que ya conocían culturas antiguas, o conceptos que manejan sabios tribales…


Al parecer, en ciertas circunstancias podemos conocer sin el clásico proceso de transmisión de información al que estamos acostumbrados.
 

Viejas y nuevas preguntas
 

El efecto fantasma del ADN despierta las especulaciones más maravillosas. Si desde el vacío se está transmitiendo información fuera del espacio y del tiempo, el ADN podría estar recibiendo sus instrucciones de montaje desde el primer día, para a partir de ahí iniciar el proceso de organización de la vida… A través de agujeros de gusano microscópicos, el ADN podría estar extrayendo información y incorporarla a nuestra conciencia.
 

Lejos de proporcionarnos todas las respuestas, los descubrimientos de Garjajev disparan nuevas incógnitas. ¿Se desarrollarán nuestras capacidades comunicativas en el próximo salto evolutivo? ¿Dónde está el origen del plan? ¿Quién el generador de las instrucciones de montaje…?


El misterioso ADN, de momento, nos devuelve a las mismas preguntas que el hombre se formula desde hace miles de años.